El cribado de posibles cambios precancerosos en las células anales, junto con su tratamiento de forma precoz, reduce en un 57% el riesgo de progresión a cáncer anal en personas con el VIH, según los resultados de un importante ensayo clínico.

Estos resultados se presentaron esta semana en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI 2022).

La incidencia de cáncer anal es mayor entre las personas con el VIH que en la población general. Al igual que en el caso del cáncer de cuello uterino, el cáncer anal se debe al virus del papiloma humano (VPH). Este virus provoca cambios celulares anómalos que pueden progresar a una displasia precancerosa (conocida como lesiones intraepiteliales escamosas de alto grado [HSIL, en sus siglas en inglés]) y al desarrollo de un cáncer invasivo.

El cribado y tratamiento precoz de estas lesiones han reducido de forma drástica la prevalencia y mortalidad del cáncer de cuello de útero, pero estas intervenciones actualmente no constituyen el estándar de atención en el caso de las personas en situación de riesgo de cáncer anal. El motivo de ello –según afirmó el profesor Joel Palefsky en la conferencia– se explicaría por la ausencia de evidencias de que estas intervenciones serían también eficaces en este caso.

El ensayo ANCHOR (siglas en inglés de Investigación sobre Resultados Clínicos de Cáncer Anal y HSIL) contó con la participación de personas con el VIH de 35 años o más procedentes de 15 ciudades de EE UU. Entre septiembre de 2014 y agosto de 2021, se realizó el cribado de un total de 10.723 personas en busca de HSIL empleando pruebas de Papanicolaou anal (citología) y anoscopia de alta resolución. En los casos en que se sospechaba la presencia de HSIL, se recogía una muestra de biopsia.

Se comprobó que más de la mitad de las personas (el 53% de los hombres, el 46% de las mujeres y el 63% de las personas trans) tenían una HSIL, y en 17 casos se diagnosticó un cáncer anal preexistente.

Las personas con una HSIL fueron distribuidas de forma aleatoria para recibir tratamiento de forma inmediata , las intervenciones más habituales que utilizan electricidad o calor para eliminar las lesiones o bien recibir un seguimiento activo de forma semestral.

En octubre de 2021 se interrumpió el ensayo antes de lo previsto, después de que un análisis interino demostrara que el cribado y el tratamiento temprano estaban suponiendo un claro beneficio a las personas. Se realizaron 9 diagnósticos de cáncer anal invasivo en el brazo de tratamiento inmediato, frente a 21 en el brazo de seguimiento activo, lo que refleja una reducción del riesgo del 57% en el grupo de tratamiento.

“Se trata de la primera demostración de que el cribado y tratamiento reducen el riesgo de desarrollar cáncer anal”, afirmó Palefsky. “Considero que los datos respaldan la inclusión del cribado y el tratamiento en el estándar de atención de las personas con el VIH mayores de 35 años”.

A pesar de que el estudio se centró en las personas con el VIH, es probable que los resultados sean extrapolables a otros grupos de población en situación de mayor riesgo de padecer cáncer anal, como los hombres gais, bisexuales y otros hombres que practican sexo con hombres (GBHSH) sin el VIH, las mujeres con antecedentes de cáncer cervical u otros cánceres relacionados con el VPH y las personas con el sistema inmunitario deprimido.