El análisis sugirió que las personas con casos graves tenían seis veces más probabilidades de notificar síntomas largos de COVID

Por Amy MacGorry / Fox News

Investigadores italianos sugirieron que los individuos infectados con la variante alfa presentaron síntomas emocionales y neurológicos diferentes en comparación con los infectados con la forma original del SARS-CoV-2, según un comunicado del ECCMID

 La investigación dirigida por el Dr. Michele Spinicci y sus colegas de la Universidad de Florencia y el Hospital Universitario Careggi, en Italia, fue observacional retrospectivo de 428 pacientes que fueron tratados en el servicio ambulatorio postCOVID del Hospital Universitario Careggi entre junio de 2020 y junio de 2021. Según el comunicado, ese fue el periodo en el que la forma original del SARS-CoV-2 y la variante Alfa estaban afectando a la población.

Según el informe, al menos tres cuartas partes 325/428 (76%) de los pacientes informaron de al menos un síntoma persistente. Los síntomas más comunes declarados por el grupo de pacientes con COVID de larga duración fueron la dificultad para respirar (37%) y la fatiga crónica (36%).  Les siguieron los problemas de sueño (16%), la niebla cerebral (13%) y los problemas visuales (13%).

El análisis de los investigadores sugirió que los individuos con casos graves, que requerían fármacos inmunosupresores como el tocilizumab, eran seis veces más propensos a reportar síntomas de COVID prolongados y aquellos que fueron tratados con soporte de oxígeno de alto flujo eran un 40% más propensos a experimentar síntomas. 

El comunicado también señalaba que las mujeres, en comparación con los hombres, tenían casi el doble de probabilidades de notificar síntomas de post COVID.

Los autores señalaron que los pacientes con diabetes de tipo 2 parecían tener un menor riesgo de desarrollar síntomas de COVID prolongado y dijeron que se necesitan más estudios para comprender mejor este hallazgo.

Tras una evaluación más detallada de los síntomas de la COVID prolongado, los investigadores descubrieron un cambio sustancial en el patrón de los problemas neurológicos y cognitivos/emocionales notificados por los pacientes infectados durante el período comprendido entre marzo y diciembre de 2020, cuando el SARS-COV-2 original era dominante, en comparación con los notificados por los pacientes infectados entre enero y abril de 2021, cuando la alfa era la variante dominante.

En el comunicado se afirma que los investigadores descubrieron que cuando la variante alfa era la cepa dominante, la prevalencia de los dolores musculares, el insomnio, la niebla cerebral y la ansiedad/depresión aumentaban significativamente, mientras que la pérdida de olfato, la disgeusia y el deterioro de la audición eran menos comunes.

“Muchos de los síntomas señalados en este estudio se han medido, pero es la primera vez que se relacionan con las distintas variantes de COVID-19”, afirma el Dr. Spinicci en el comunicado. “La larga duración y la amplia gama de síntomas nos recuerdan que el problema no va a desaparecer, y que tenemos que hacer más para apoyar y proteger a estos pacientes a largo plazo”. Las investigaciones futuras deberían centrarse en los posibles impactos de las variantes de interés y el estado de vacunación en los síntomas actuales.”

Los datos para el estudio se obtuvieron de las historias clínicas electrónicas de los pacientes que fueron hospitalizados con COVID-19 y dados de alta entre 4 y 12 semanas antes de ser atendidos en el servicio ambulatorio. Los datos para el estudio incluían un cuestionario sobre los síntomas persistentes completado por los individuos una media de 53 días después del alta hospitalaria. Los datos adicionales incluían los datos demográficos del paciente, su historial médico y la evolución microbiológica y clínica del COVID-19, según el comunicado.

El Dr. Aaron Glatt, jefe de enfermedades infecciosas del Mount Sinai South Nassau, en Nueva York, no participó en el estudio, pero declaró a Fox News que sería sorprendente que no hubiera tales diferencias.

Glatt, que también es portavoz de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de EE.UU., también dijo: “Está eminentemente claro que las distintas variantes tienen capacidades diferentes. Está claro que algunas de ellas son más contagiosas, y algunas de ellas son capaces de causar una enfermedad más grave. Asimismo, algunas variantes tienen una mayor predilección por diferentes grupos de edad. Por lo tanto, no es de extrañar que también pueda haber diferencias en el “COVID largo” entre las variantes”.

El comunicado también afirmaba que los autores reconocían que “el estudio era observacional y no probaba la causa y el efecto, y no podían confirmar qué variante del virus causaba la infección en los distintos pacientes, lo que puede limitar las conclusiones que se pueden extraer”.