Resultados del estudio CorCOVID LATAM

Por Roxana Tabakman

Durante los primeros meses de la pandemia, uno de cada tres pacientes (31,5%) refirió problemas para obtener sus fármacos, 17% reportó haber suspendido alguna medicación y 46,4% de los pacientes no tuvo contacto con sus médicos, según los resultados de CorCOVID LATAM.

El estudio observacional en 4.216 pacientes cardiometabólicos de Latinoamérica describe la situación que vivieron los primeros meses de cuarentena, y presenta una alerta y punto de partida para intervenciones.

El abandono de tratamientos fue más frecuente en los pacientes con enfermedad cardiovascular declarada, quienes son considerados de mayor riesgo. En aquellos pacientes que habitualmente realizaban actividad física, la mayoría (61,3%) manifestó haber realizado menos de lo acostumbrado. Respetar una dieta saludable fue referido por apenas uno da cada siete (14,7%) y 11,3% de los voluntarios que se declararon consumidores de alcohol admitió haber aumentado la cantidad.

De mantenerse esta situación, en los pacientes con patologías crónicas (diabetes, hipertensión arterial y enfermedad coronaria), las restricciones asociadas a la pandemia podrían generar mayor riesgo de complicaciones en el corto y mediano plazos.

Asimismo, un tercio presenta depresión grave, de acuerdo con el subgrupo del estudio, CorCOVID Latam Psy.[1] Los síntomas más frecuentes fueron anhedonia (79,4%), cambios psicomotores (64%) y trastornos del sueño (61,6%).

Resultados… ¿esperados?

“El cambio de hábitos lo esperábamos. Lo que nos llamó la atención fueron las dificultades de acceso y abandono de fármacos y el impacto psicológico”, manifestó a Medscape en español el líder del proyecto, Dr. Ricardo Lopez Santi.

Los síntomas de depresión mayor fueron detectados en 1.590 personas (37,71% de la muestra). Más frecuente en mujeres, pacientes que tomaban más de cinco fármacos por día, con poco cumplimiento del tratamiento, bajo nivel de actividad física y bajo consumo de frutas y verduras. Una limitación del trabajo es no conocer las características basales de la muestra, antes de las restricciones por la pandemia.

“Muchos pacientes no tuvieron seguimiento adecuado, lo que tendría un justificante en 2020, pero no en 2021. Ahora ya sabemos dónde está el riesgo: en la falta de contacto adecuado con los pacientes, dificultad de acceso, abandono de tratamiento y síntomas de depresión mayor no debidamente detectados. Si sabemos que los puntos flojos están ahí, las acciones frente a la segunda ola deberían atender estos aspectos”, agregó el Dr. Lopez Santi.

“Con el trabajo ya aceptado para publicación en Global Heart Journal tenemos la obligación moral de compartir la información para que se tomen acciones con urgencia”, destacó.

Treinta y ocho preguntas, 13 países

El estudio CorCOVID LATAM es una iniciativa de la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC), que agrupa a las sociedades de cardiología del continente, en la que participaron 66 investigadores de 13 países (Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México,  Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela).

Como criterio de inclusión se incluyó a todo paciente adulto con patología cardiovascular (hipertensión arterial, enfermedad coronaria, miocárdica, valvular o pericárdica) o metabólica (síndrome metabólico, obesidad, dislipidemia, diabetes) sin evidencia de COVID-19 presente o pasada.[2]

Se realizó una encuesta con 38 preguntas para examinar el comportamiento del paciente durante los últimos 30 días, se respondió hasta el día 15 de julio por los voluntarios, algunos en visitas presenciales, otros por teléfono o videoconferencia. La mitad (50,9%) de los 4.216 pacientes era de sexo masculino.

El estudio CorCOVID Latam Psy utilizó los criterios de diagnóstico para la depresión mayor de la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), que requiere la presencia de los síntomas durante un periodo de al menos dos semanas.[3] Una respuesta positiva a una de las principales preguntas de criterio y tres o más respuestas positivas a los criterios adicionales se consideraron como depresión mayor.

“El estudio está muy bien diseñado, con población específica y número significativo. Existen muchos estudios en que medios electrónicos son eficientes en detectar sintomatología y los investigadores hicieron interrogatorios de forma directa, lo que le da fortaleza al estudio”, indicó a Medscape en español el Dr. Marcelo Cetkovich, director médico y del Departamento de Psiquiatría de Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), que no participó del estudio.

El Dr. Cetkovich señaló que los datos confirman “que lo que detectamos precozmente se convierte en síndrome de depresión mayor”, refiriéndose a una investigación publicada por su equipo en Journal of Affective Disorders, que identificó síntomas de depresión y ansiedad en la primera semana de cuarentena en Argentina en más de un tercio de la muestra estudiada (n = 10.053).[4] “Ahora esperamos la epidemia de salud mental que se anunciaba desde el principio”, añadió el especialista.

La depresión podría estar fuertemente asociada con aumento de los factores de riesgo cardiovascular, síndrome metabólico y aumento en la carga de las enfermedades cardiovasculares. Debe considerarse en la práctica clínica diaria y especialmente durante condiciones de estrés crónico o de larga duración, como el relacionado a la COVID-19.[1]

Una alerta para la región

Las acciones deben ajustarse a cada modelo sanitario. El grupo entiende que las tres acciones centrales deben consistir en asegurar el seguimiento de los pacientes, asegurar la provisión de fármacos y establecer vías para soporte, añadió el Dr. López.

“Queremos emitir la alerta lo antes posible a través de los medios de comunicación y las sociedades científicas para que llegue a los ministerios y secretarías de salud”, expresó el Dr. López.

“Para eso los pacientes deben estar nominalizados, sus datos de contacto actualizados y no se debe esperar la demanda del paciente, porque es muy probable que muchos queden sin ningún tipo de supervisión. Y cuando el sistema de salud es quien provee los fármacos a los pacientes crónicos, debería asegurarlas por periodos más prolongados. Y también pensar intervenciones de salud mental, tal vez de consultas por telemedicina“, puntualizó el Dr. López.

Se requiere de una estrategia de anticipación para evitar el empeoramiento clínico de los pacientes cardiometabólicos, La falta de seguimiento adecuado de los pacientes es una oportunidad perdida.

En: https://espanol.medscape.com/verarticulo/5906574#vp_1