• Por Felipe Llambías

Los historiadores creen que la circuncisión existía ya hace 15.000 años en la sociedad egipcia y ha llegado hasta nuestros días, con aproximadamente uno de cada tres hombres circuncidados en el mundo.

La mayor cantidad de esos hombres circuncidados son musulmanes, ya que en el Islam se practica como un rito en los recién nacidos al igual que en el judaísmo.

En segundo lugar están los hombres nacidos en EE.UU. (el 80,5%, según datos de 2016) porque en ese país la circuncisión es desde hace décadas una intervención médica considerada beneficiosa.

La mayor parte de las circuncisiones en el mundo se practican inmediatamente después del nacimiento. En aquellos no circuncidados puede ser necesaria con posterioridad por motivos de salud.

Aquí te contamos con preguntas lo que la ciencia dice sobre la circuncisión.

1. ¿Cuál es la función biológica del prepucio y qué ocurre cuando se corta?

El prepucio es la parte de la piel del pene que recubre el glande. A diferencia del resto de la piel del pene, que está pegada al órgano, el prepucio está despegado y, si no existe ningún problema, debería poder retirarse hasta descubrir la totalidad del glande tanto en estado de flacidez como durante la erección.

La superficie interior del prepucio es una mucosa lubricada similar al interior de la boca o de la vagina en las mujeres.

“Su función es la de cubrir el órgano, servir de funda”, le dice la uróloga Ana María Autrán, de la Confederación Americana de Urología.

Los expertos creen, además, que puede tener alguna función inmunológica.

El hombre puede, sin embargo, prescindir del prepucio.

Pero el glande es una zona muy sensible del pene. Cuando el prepucio se retira por cuestiones de salud en la niñez, adolescencia o adultez, el glande, que antes estaba protegido, pasa a estar en contacto directo con el aire y la ropa.

Por ello, en las primeras semanas el paciente siente incomodidad por el roce del glande con las prendas. Puede, a su vez, sentir dolor durante las erecciones.

Con el tiempo, la piel del glande se endurece y pierde algo de sensibilidad.

La cirugía se realiza en general de dos maneras: la tradicional, cortando el prepucio con bisturí, o con una pistola grapadora. Puede aplicarse solamente anestesia local, aunque muchas veces el paciente es sedado antes de pinchar una zona tan sensible.

2. ¿Cuándo hay que hacer una circuncisión?

Dejando de lado los motivos religiosos y poniendo el foco en lo sanitario, existen diferentes visiones.

Por un lado está la postura mayoritaria en Estados Unidos de que es preferible circuncidar a los bebés al nacer. De acuerdo con la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés), “los beneficios para la salud de la circuncisión masculina en el recién nacido superan los riesgos”.

Entre las ventajas, menciona la prevención de infecciones en el tracto urinario, el cáncer de pene y el contagio de algunas enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH.

“La circuncisión masculina realizada durante el período neonatal tiene tasas de complicaciones considerablemente más bajas que cuando se realiza más tarde en la vida”.

La organización matiza su opinión diciendo que no hay elementos suficientes como para pedir que sea una intervención de rutina para todos los bebés. “Es una decisión que tienen que tomar los padres, ayudados siempre por un médico”, le explica a BBC Mundo el pediatra Ilan Shapiro, miembro de la AAP.

Una postura opuesta tiene, por ejemplo, la Real Asociación Médica Neerlandesa, que afirma que no se debe circuncidar a los bebés porque “no hay pruebas convincentes de que la circuncisión sea útil o necesaria en términos de prevención o higiene”, y por lo tanto “no es justificable excepto por razones médicas/terapéuticas”.

“Al contrario de lo que suele pensarse, la circuncisión conlleva el riesgo de complicaciones médicas y psicológicas. Las complicaciones más comunes son sangrado, infecciones, estenosis del meato (estrechamiento de la uretra) y ataques de pánico”, sostiene la organización.

Los motivos médicos principales que pueden llevar a una circuncisión son la fimosis, la parafimosis y la balanitis.

La fimosis se da cuando el prepucio es tan estrecho en su extremo que no permite que se deslice como debería hasta descubrir la totalidad del glande. Detectada a edades tempranas puede curarse con cremas para que no sea necesario pasar por el quirófano.

La parafimosis ocurre cuando el prepucio se desliza completamente pero luego no vuelve.

La balanitis es la hinchazón del glande, casi siempre originada por una mala higiene. Para evitarla, desde pequeños los niños deben retirar el prepucio y limpiar bien con agua y jabón la zona para retirar el esmegma -secreción blanquecina y espesa- que se produce debajo del prepucio.

Estas complicaciones pueden aparecer en cualquier etapa de la vida, desde la niñez hasta la vejez.

3. ¿Tiene algún impacto en la vida sexual y la sensibilidad?

Según Shapiro, esta es una pregunta difícil de responder, ya que estadísticamente son pocos los casos de hombres que pueden comparar su actividad sexual previa y posterior a la circuncisión, por lo que no hay estudios contundentes al respecto.

Mientras el pene se acomoda a su nueva fisonomía tras la circuncisión, el paciente tiene un aumento de la sensibilidad en el glande que puede generar incomodidad, afirma Autrán.

Luego la piel del glande -que estaba protegida por el lubricado prepucio- cambia al estar en contacto directo con el aire.

“Se empieza a resecar y, cuando se vuelve mucho más dura la piel, esa sensibilidad cambia”, explica Shapiro. Añade que el prepucio también es una zona llena de nervios que se pierde cuando este se extrae.

Algunos pacientes llegan al consultorio pidiéndole al médico que los circuncide por razones estéticas: entienden que su pene se verá más bonito sin la capucha protectora.

Este tipo de intervenciones también se hacen, pero derribando antes algunos mitos: el pene no se verá más grande, ni más largo, ni tendrá mayor potencia a la hora del sexo. Y la eyaculación será igual que antes.

Una advertencia que hacen los especialistas a los pacientes es que no tengan relaciones sexuales en las cuatro o cinco semanas posteriores a la intervención quirúrgica para evitar dolores y complicaciones en la cicatrización.

4. ¿Ayuda a prevenir VIH y otras enfermedades de transmisión sexual?

Uno de los beneficios que promueven aquellos partidarios de la circuncisión es que ayuda a prevenir enfermedades de transmisión sexual (ETS), como el VIH.

Incluso la ONU, desde su programa de lucha contra el VIH, lleva a cabo campañas de circuncisión masivas en países del este y el sur de África que tienen altos niveles de prevalencia de este virus.

La extirpación del prepucio ha demostrado reducciones en las tasas de contagio del VIH, pero solamente en hombres heterosexuales y en zonas de alta transmisión.

“Que la relación entre la circuncisión y la transmisión del VIH es, al menos, poco clara se ilustra por el hecho de que EE.UU. combina una alta prevalencia de ETS e infecciones de VIH con un alto porcentaje de circuncisiones de rutina. La situación neerlandesa es precisamente la contraria: una baja prevalencia de VIH/SIDA combinada con un número relativamente bajo de circuncisiones”, afirma la asociación médica del país europeo.

En hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres y son activos, la protección de la circuncisión contra el VIH es parcial, mientras que entre quienes son pasivos no se han hallado diferencias.

Otras ETS como la gonorrea, la sífilis, la clamidia, el herpes, el virus de papiloma humano o úlceras genitales han sido estudiadas por la medicina por creer que la circuncisión prevenía su contagio. Sin embargo, no hay evidencia que lo pruebe.